Pareció

Reto no superado. Aunque lo pareció.

Reto no superado. Aunque lo pareció.

"Tot guanyat. Tot per guanyar". Así rezaba el eslogan de los hexacampeones tras Abu Dhabi, como reto motivador que tenía que impulsar más allá de la eternidad, si es que esto es posible, a los chicos de Pep en este 2.010 recién estrenado. Pues efectivamente, queda todo por ganar, porqué el debut del año del Barça se saldó con un empate en casa, y gracias. Habrá que catalogar ya al Villarreal como el rival más difícil que suele sufrir el Barça en el Camp Nou, y entendamos este difícil como queramos: entidad futbolística del equip groguec, capacidad innata para complicar la vida a los azulgrana, o directamente aguador oficial de fiestas, festejos y celebraciones . En el partido de hoy hubo mucho de todo ello, marcándose el Villarreal, desde la presión y los cortocircuitos a la circulación blaugrana, un encuentro serio, trabajado, eficaz y modélico, demostrando como se puede plantar cara a todo un Barça sin resultar un equipo menor ni caer en los peores vicios de éstos (autobús atrás y patadas indiscriminadas). Sobre el Barça, decir que sufrió en carnes el planteamiento táctico de Valverde y la entusiasta interpretación de sus jugadores, evidenciando, una vez más, como se vulgariza su fútbol de alta escuela cuando la incomodidad sobre el terreno de juego atenaza a sus futbolistas e impide el flujo natural y eléctrico de su juego y como le cuesta amarrar resultados positivos, o como los sufre para remontarlos, ante tales escenarios de dificultad. No estuvo bien el Barça en lo colectivo y tampoco en lo individual. Quizás sea la dura resaca de los excesos navideños o la tendencia latente de la trayectoria blaugrana esta temporada, más resultadista que efectista. Sólo Busquets y Henry dieron la talla, aunque sin alardes; Pedro, en su línea habitual, volvió a marcar, que ya es mucho; Ibrahimovic acabó desquiciado con el arbitraje particular sufrido, ganándose una nueva tarjeta que quizás provocó para finiquitar ciclo (y perderse el partido contra el Tenerife) pero que no oculta una falta de control y templanza ante ciertas actuaciones y decisiones de los hombres del silbato y el pinganillo que debería saber medir; y el bueno de los hermanos Dos Santos acusó en su primera gran oportunidad el mal partido de sus compañeros. A pesar del empate y la lógica decepción del respetable, la maquinaria blaugrana sigue siendo fiable, aunque hoy ni la precisión empírica de su fútbol ni los intangibles futbolísticos de la épica (baremos ambos de la fiabilidad de este Barça) han estado con el equipo. Si encima nos dan la espalda contra el rival más difícil, el mal resultado está asegurado. Por tanto, todo controlado y que no cunda el pánico (por mucho que mañana el Madrid pueda acostarse líder). Hay grandes oportunidades para resarcirse: el Sevilla espera en competición y vigilia real. "Tot guanyat. Tot per guanyar". Qué gran frase. Qué gran verdad. Qué gran reto. A por ello.

Aquellos que deseábamos o imaginábamos el derbi como una vendetta a los pericos en forma de tunda por afrentas recientes, tendremos que esperar, una temporada más. Se resisten, los jodidos. El Español no salió humillado del Camp Nou sino todo lo contrario. Su segunda mitad de partido, en la que se permitieron el lujo de subirse a las barbas del Barça - nefasto en este periodo de tiempo -, les refuerza en lo anímico aun la derrota, justificada ésta por el villarato. Por suerte, contra el Almería volverán a las andadas del seísmo y del efecto Barça sólo quedará humo difuminado.

Antes que nada, Valdés. Es el momento de cagarse en él o de contar hasta diez. Yo prefiero lo segundo - uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez - y pensar que, de las cuatro valdesinas que acostumbra Valdés por temporada, ya ha gastado dos, estériles ambas a efectos de la victoria final. Dicho y hecho lo cual, ya aliviados de tensiones, procedamos al análisis de tal.

De nuevo nos temimos lo peor rememorando instantes de inquietud y sufrimiento ya vividos y no merecidos: otro empate accidental, mala fortuna en el gol encajado, partido extraño en su desarrollo, ni bien definido ni controlado como los nuestros suelen hacer y que da como resultado el premio máximo de dejar al barcelonismo con cara de tonto y al rival de turno dando saltos de alegría. Algo de esto temimos cuando un injusto empate a uno se imponía en el marcador y el Barça, aún intentándolo con más corazón que fortuna, se estrellaba una y otra vez ante la defensa deportivista, espléndida en general durante la noche de hoy. Suerte, pero, que hoy era la noche de Messi, y el pibe quería regalarse un buen anticipo de gloria antes de la gloria de oro que le coronará dentro de unas horas como el mejor futbolista del mundo. Y hoy se intuía un determinante Messi desde el inicio del partido, por las ganas que mostraba, por como encaraba, por como intentaba romper, una y otra vez, la defensa local, por como asumió la responsabilidad y se echó el equipo a la espalda en los momentos difíciles. Fue determinante Messi con su primer gol, que ponía justicia a una buena primera mitad del Barça en lo colectivo, en la ejecución de los principios fundamentales del juego que exige Guardiola para su equipo pero al que le faltó mayor atrevimiento en el desequilibrio y, conseguido éste, mayor inspiración en la definición. Messi impuso la lógica y la paz y parecía que el partido quedaba bajo control barcelonista a la espera de la sentencia definitiva. Pero, de nuevo, un gol tonto encajado de la nada destrozó el orden natural de las cosas y los fantasmas de Navarra y Bilbao, en mayor o menor consistencia según el estado de ánimo de cada cual, se volvieron hacer presentes en el imaginario de los culés. Riazor, por tradición, seguía consolidándose como un estadio maldito y el gol encajado desconcertó al equipo, sumiéndole en un estado de presión y ansiedad que hacían estériles cualquier intento de remontar el partido en la segunda mitad. El Barça salió con actitud de ganar pero la imprecisión general dominó la voluntad de los futbolistas. Ni las ideas ni las piernas respondían. Hubo dominio y posesión pero sin crear ocasiones de gol. Y el Depor, no tan fiero como en la previa se pintaba, ni inquietaba, más que conformista con el punto de fortuna conseguido, lo que agravaba la situación de impotencia blaugrana. El accidente tomaba cuerpo a marchas aceleradas. Hasta que Guardiola movió ficha y sacó a Pedro, y al poco, de asistencia de éste, Messi volvió a ser determinante con un cabezazo perfecto que quitó complejos y miedos a los suyos y sumió en la evidencia de la derrota a los gallegos. Y con un Barça tranquilizado, llegó el gol de Zlatan - también con intervención decisiva de Messi -, como desquite al mal trago pasado, dando mayor lustre y correspondencia al marcador a los méritos contraídos por el Barça en Riazor. Admitiendo que quizás no estemos ante un Barça tan demoledor en la eficiencia y excelencia de sus recursos como la temporada pasada, sí lo estamos ante uno quizás más pragmático pero igual de efectivo que el de antaño y que merece cada victoria que computa. Y al que siempre valdrá la pena ver jugar por la expectativa de deleitarnos con detalles o momentos geniales que siempre regala: como en Xerez, de nuevo toca recrearse con la aparente sencillez - tanto en la jugada como en el remate: un compendio de talentos - del gol de Ibrahimovic. Aunque el regalo mayor sea contar y poder disfrutar de Messi, nuestro chico de oro de la casa, del cual siempre podemos esperar lo mejor y que en noches como hoy justifica su ansiado galardón y su merecida condición.

Bojan desatascó y reanimó el partido en dos minutos y con dos fogonazos de furia, el primero rematando a placer tras asistencia de Jeffren, el segundo tras meritoria jugada personal. A partir de aquí, e impulsado por los cambios de Guardiola, festival del Barça y sangría de la Cultural Leonesa. Pedro, gol. Messi gol. Xavi, gol. Y ocasiones a mansalva: de Bojan, de Messi, de Sergio Busquets, un no parar. Por haber, hasta palo de Dani Alves en los minutos finales del partido. El resultado final pudo ser escandaloso pero, puterías de la vida, fue quisquillosamente oportuno. Y la poca gente en el campo haciendo la ola, feliz, y celebrando a lo grande un trámite en una noche no predestinada para ser recordada precisamente. Hasta las retransmisiones de RAC1 y Catalunya Ràdio daban alicientes extras a su clientela - los primeros compartiendo espacio con sus colegas de "La competència"; los segundos dando entrada en antena a amigos de la "trasmi" como Roger Grimau, el bajista de Manel, Nina, la Paquita del Hispania, Antoni Basas y hasta un chaval de catorce años que emulando a Puyal cantó en directo el gol de Xavi - en vistas que el partido no prometía nada. Afortunadamente, el Barça embelleció en cuarenta y cinco minutos de vértigo (y descomposición rival, hay que decirlo) un encuentro que pintaba a repetir el tostón soporífero de la primera parte: un equipo plano y funcionarial que se limitaba a cumplir el expediente de pasar eliminatoria sin agobios y mostrando puntualmente destellos de electricidad y calidad, y otro equipo entusiasta en su disposición y satisfecho por mantener su portería a cero tras el descanso. Bojan lo rompió todo y el equipo, que necesitó de este resorte para conectarse, estar a la altura esperada y retozar en la diversión, regaló media noche de alegría al barcelonismo. Puestos a particularizar, con la debida contextualización de que el partido no fuese de máxima exigencia, gustó el temple de Fontás y el atrevimiento juvenil de Dos Santos, brillante en su asistencia a Bojan en el segundo gol. A remarcar, también, la jugada de orfebrería de Iniesta que propició el gol de Pedro, otro más, aunque esto ya no sea noticia.

Lo mejor del Barça esta noche parecía pasar por el banquillo: Alves, Xavi, Iniesta y Messi como recursos de lujo de un plan de Guardiola concebido para rematar un partido desde el descanso, un partido que, tras Kazan y la fatiga acumulada, Pep, con su habitual respeto reverencial hacia el rival, preveía complicado. Así era el plan, las vacas sagradas resolviendo en la segunda mitad tras las faena de desgaste de los panzers en la primera, y con los tres cambios, hoy sí, más que planificados (en futbolistas y minutos de juego). Pero en fútbol no siempre los guiones se cumplen y, afortunadamente, el juego dicta situaciones y rebeliones que mejoran o improvisan los guiones inicialmente previstos. En la tosquedad planificada en la que discurría el partido, dos jugadores con ansias de protagonismo decidieron saltarse las normas, dar luz a la función y cambiar el giro inicial de los sucesos - que en ello también ayudó el gol mallorquín que empataba el marcador a 1 -. Ibrahimovic y Pedro pusieron talento y determinación, recursos descomunales en beneficio del equipo y gol, en una primera mitad en la que el Barça jugó a la altura del equipo que presentó y en la que hubo momentos de imprecisión y dudas antes de la explosión de júbilo y tranquilidad tras los goles de Pedro y Henry. En la segunda mitad, cumpliendo el guión, salieron los buenos y el partido no mejoró especialmente, pero como la faena ya estaba hecha y el partido fue un ir pasando, el efecto revulsivo de los Messi, Xavi e Iniesta se quedó en nada. Mejor así. En todo caso, también hubo ahí estelares momentos fuera norma: un fastuoso y tremendo control/regate/sombrero al portero/asistencia de Ibrahimovic no culminado por Messi (de consumarlo hubiese sido el gol del año) y el primer penalti a favor de la temporada, provocado también por el sueco. El Camp Nou se pellizcó y cantó milagro: minutos antes, y como viene siendo habitual esta temporada, se tangó uno previo. También hubo despiste defensivo en el descuento que provocó un cómodo segundo gol del Mallorca: aquí lo suyo sería hablar de accidente si no fuera porqué tales acciones de infortunio se van acomodando en los guiones de partido. Y se silbó a Chygrynskiy, convertido ya tras el dictamen de la grada en la nueva toia culé (y que servirá, de paso, para tapar el mal momento de forma de Piqué). Total, que sin ser un partido para la historia - aunque la victoria sí es importante: el Barça se mantiene líder sólido y en solitario con unos guarismos más que respetables - tuvo sus cosas interesantes. Y es que esto ya lo tiene el Barça: propone sorpresas y da giros argumentales a sus encuentros - como el buen culebrón, no siempre necesariamente positivos - que renuevan la atención y la expectativa en el respetable aunque las muchas veces sea siempre sobre la misma gran película con final feliz conocido.

Primera derrota de la temporada, en Champions, en casa, y contra el exótico rival que parecía ser la perita en dulce del grupo. En toda la frente. Derrota que a día de hoy a efectos de clasificación resulta irrelevante en el devenir del grupo pero que obligará a los chicos de Pep Guardiola a saldar tres duras batallas (dos de ellas en condiciones climatológicas extremas) de transcendencia máxima y consecuencias francamente molestas e imprevisibles. Derrota, decíamos, que es toda una lección al equipo de que ni el nombre, ni el favoritismo indiscutible, ni el fulgor aún resplandeciente de un triplete histórico y un fútbol maravilloso la pasada campaña hace que esté ya todo vendido a su favor en ésta. Derrota, decíamos, que encenderá luces de alarma, cuando no el histerismo más apocalíptico, entre la afición, quizás algo nostálgica de revivir esas sensaciones olvidadas de cabreo en los malos momentos y con necesidad de sacar el culé emprenyat que lleva dentro para desahogarse hurgando en una herida, eso sí, poco profunda, tampoco nos vayamos a pasar. Derrota, decíamos, que alerta a los incrédulos y reafirma a los convencidos que, sea por tal o cual, el nivel del equipo no mantiene ni la regularidad, ni la superioridad, ni la capacidad de impactar, avasallar, desconcertar y atolondrar al rival como en la temporada pasada, a pesar de los mejores resultados. Derrota, decíamos, dolorosa y enojosa, porqué resulta difícil explicar como se dejó escapar el partido, a pesar de los condicionantes que ante un tribunal podamos alegar: gol imposible tártaro al minuto de partido, dos balones al palo. Derrota, decíamos, inapelable, fruto de la impotencia y de la falta de serenidad y capacidad para hacer lo que se debía en las distintas fases de partido, de la ausencia del desempeño determinante de gente como Messi, Iniesta o Márquez - hoy desaparecidos, cuando no desafortunados - y de la falta de fuelle e inspiración en la organización colectiva, de la apatía generalizada y de la falta de fe en la remontada que transmitían los futbolistas sobre el césped y que contagió a los 56.000 espectadores del Camp Nou en un gélido silencio de decepción atroz y atronador, de la misteriosa pérdida de las señas de identidad que caracterizan al Barça de Guardiola, siempre reconocibles y exigibles, hoy no tanto en la faz del juego como en los intangibles emocionales que hacen invencible al equipo, esto es la intensidad, el inconformismo y la ambición. Derrota, decíamos, no para quemarlo todo, romper carnets, dar la temporada por perdida o revivir fantasmas recientes, pero si para analizar con calma lo sucedido, echar la vista atrás, sacar conclusiones, trabajar sobre los errores y buscar nuevas soluciones si cabe, en busca de la persistencia y de la exigencia en la profesionalidad que Guardiola pide a los suyos - y éstos deben darnos como ya nos demostraron antaño - en pos de respetar una identidad futbolística única y admirable y alcanzar, fruto de lo anterior, éxitos colectivos en forma de títulos. Derrota, en definitiva, sorpresiva por inesperada que rememora sabores ya olvidados - así nos acostumbró el Barça de Pep - y que debe activar reacciones y emociones que devuelvan al paladar del equipo y de la culerada los dulces, embriagantes y adictivos matices de las mieles del éxito.

En los primeros cuarenta y cinco minutos vimos en el Valencia el ardor guerrero espartano publicitado pero con la pegada de Heidi, Valdés mediante (hoy, Víctor, determinante). Jugó bien el Valencia en dos aspectos claves del juego: desactivar la posesión, elaboración y localización del Barça mediante una presión asfixiante en todas las líneas y lanzar contras como puñales fruto de la descoordinación y imprecisión blaugrana debido a la puesta táctica valencianista. Total, que el Barça no estuvo, ni colectiva ni individualmente, y el empate a cero tuvo en el exceso un común denominador para ambos equipo: excesivo castigo para el Valencia, excesivo premio para el Barça. No me atrevería a decir que hubo falta de actitud e intensidad en los nuestros. Simplemente no pudieron, porqué hubo un rival competente que le jugó rematadamente bien al Barça. Malacostumbrados a la apisonadora blaugrana, cuando un rival hace diana y mete en apuros a los nuestros, hay que felicitarle. Si nuestro sino como culés debe ser el de exigir más al equipo en pos de una mayor solvencia cuando el rival ya es excelente - o lo que es lo mismo: cuando el rival de turno, chulo, no se deja minimizar por la superioridad blaugrana - entonces Pep debe tomar nota de esta primera mitad para intentar buscar soluciones que impidan preventivamente meneos tan eficientes como el de hoy del Valencia. Porqué esto será el pan de cada día de nuestros rivales, aunque, afortunadamente, la mayoría de ellos no lo practicarán ni con la competencia ni con calidad valencianista.
“¿Sabes por qué nos caemos, Bruce? Para aprender a levantarnos”. De esta forma tan ñoña como efectiva aleccionaba el señor Wayne a todo un futuro Batman. El partido de ayer fue una caída de esas que gusta tener. Porque aprendes toda la moraleja de la situación y, sin embargo, no te cuesta puntos. Las lecturas que se pueden hacer son muchas y, siguiendo la linea argumental de la película de Nolan, el guión nos lleva a una búsqueda introspectiva por parte del equipo a través de la figura de su entrenador: Pep Guardiola.
Ayer se le planteó un nuevo reto sobre el que trabajar. Seguramente, esto le motive aún más para seguir trabajando, insaciable, como buscador de recursos. Siempre que ha habido una dificultad ha habido una reacción, un trabajo de análisis y un resultado positivo. El aprendizaje mismo aplicado sobre un equipo de fútbol. A veces no valoramos justamente el capital humano del que disponemos.
La primera parte se ciñó a un guión más o menos previsible. Posesión abrumadora para defenderse y para buscar el ataque, intimidación de tres cuartos para adelante, ocasiones para hacer recular al equipo autoconvenciéndolo de que el gol es cuestión de tiempo y, finalmente, Pedro. Pudieron ser dos si la carambola hubiera entrado en vez de golpear dos veces el poste (sensacional Ibrahimovic en la elaboración), pero no le pidamos dominar también el billar al F.C.Barcelona.
Quizá este detalle marcó la segunda parte donde el cansancio por el trabajo acumulado por algunos jugadores –Messi, Ibrahimovic o Xavi, que apenas han descansado-, y la tozuda insistencia en no variar un ápice el planteamiento inicial por parte del Almería, bajó el ritmo hasta cotas que ya casi ni recordábamos. El márcaje férreo a Xavi por parte de Chico y, en menor medida, el de Ortiz a Iniesta, maniató a los blaugrana ofensivamente pero los liberó de preocupaciones defensivas. Efectivamente, el entrenador mexicano pensó en el cerocerismo como punto de inicio y destino para su equipo, consecuencia de lo cual Valdés estuvo testimonial hasta en las cámaras.
Mediada la segunda parte, ante la apatía blaugrana, el Almería empezó a disputarle la posesión y Valdés empezó a lucir palmito en televisión. Guardiola reaccionó de inmediato. “A veces para vencer al miedo, tienes que convertirte en él” y Guardiola sacó de un plumazo a Pedro y Busquets, simbología del juego de toque canterano, para meter músculo, lucha, disputa, segundas jugadas e intimidación con Touré y Keita. La balanza se corrigió de inmediato y, excepto dos arreones en el descuento que acabaron con un simple centro cruzado (fuera de banda) y un córner a las manos de Valdés, el control volvió al que siempre quiso tenerlo. 1-0, tres puntos y partido finiquitado.
Nuevos problemas, nuevos retos y nueva búsqueda de soluciones. Este año también, el Barça Begins.
Read more...
Ante los despropósitos del árbitro (Delgado Ferreiro, recuerden su nombre), Welington y la afición del Málaga, determinación blaugrana y victoria de mérito. Hará una temporada, el Málaga-Barça significó un punto de inflexión en la credibilidad que se ganó Pep y su equipo: tras ese partido en un barrizal donde se consiguió una victoria llena de coraje y grandeza, muchos empezamos a creer. Hoy, y salvando las distancias, el Barça resolvió un encuentro que empezó muy complicado con las armas que mejor usa: la resistencia ante la presión y envites rivales, la paciencia para encontrar el momento justo para elaborar y tocar, el remate letal fruto de la determinación de los cracks. Estas premisas tan conceptualmente simples pero tan complejas de ejecutar si no eres el Barça, revierten la dinámica de un partido que el Málaga empieza bien y pelea con dignidad, apurando a su rival hasta el límite del vacile. Pero a partir de la inflexión, la encomiable dignidad malagueña se convierte en impotencia, y la lucha por el partido se transmuta en violencia para con los blaugrana, con la complicidad arbitral, que se marca un recital. Ni por lo civil ni por lo criminal: el Barça lo pudo todo, resistió y venció, demostrando una vez más que este equipo aúna pasta ganadora y orgullo inquebrantable al que tanto le da tocar la excelencia con sinfonías de virtuosismo como arremangarse y resolverse en los bajos fondos y batirse el cobre a navajazos si cabe. Nunca dejaremos de creer en este Barça, pero por si acaso quedasen escépticos o inconformistas de pura cepa, hoy hemos vuelto a renovar el carnet de la confianza. En un partido en que tendríamos que destacar la labor de los artistas o elogiar el desempeño honesto de los futbolistas, hay que referirse sí o sí a la eclosión de un nuevo macarra en forma de presunto jugador de fútbol que pide paso en la Liga de las estrellas a base de pisotones, puñetazos y demás insutiles agresiones. Welington se llama la criatura, personaje al que hace poco un articulista del AS le dedicó un escrito diciendo que él y Piqué eran los dos mejores centrales de la Liga. Visionario. Pepe ya tiembla al ver preocupado que hay nuevo gallito capaz de discutirle el cetro de carnicero ganado con tanto merecimiento. Y siguiendo con los sinvergüenzas, Delgado Ferreiro. Aunque no debiéramos, porqué hablar de los árbitros es recurso de pobres, perdedores y relaños, su concurso arbitral ha sido demencial. Si hay vergüenza, que el As siga con su villarato. Y si hay nevera en el Comité de Árbitros de la Federación, que a este tipo lo encierren con cadena (y ya puestos, que la tiren al fondo del mar). Que conste en acta, hoy que hemos ganado. Por lo demás, Ibralatas sigue encandilando con goles que hacen explotar por los aires las expectativas y previsiones de los ibrahimovistas más entusiastas. Y un aspecto revelador de la victoria de hoy: en una temporada en la que hablaremos de escasez de plantilla y falta de banquillo - y al que más de una vez juzgaremos con desconfianza -, hoy liquidan el partido dos tipos que salen de allí. Cosas.

Plaño a Guardiola si lo suyo es pretender rotar a sus jugadores para darles descanso ante la dura -¿seguro?- temporada que se avecina. Porqué a ver quién es el futbolista guapo que no quiere jugar jornada tras jornada, aunque sean mil, con lo que se divierten aquí. Dicen que Messi es de los que lo quiere jugar todo y que a veces se contraría aunque lo sustituyan para que el respetable lo ovacione. Messi. Y Xavi, Henry, Alves, Piqué, Iniesta. Cualquiera. No jugar en este Barça sería de cobardes, de lerdos. ¿Qué futbolista querría renunciar al show time que propone el Barça cada partido, al ser protagonista activo de un espectáculo futbolístico de primera magnitud, a su porción de gloria por la grandeza de vestir la camiseta blaugrana, jugar a fútbol como los dioses y sentir la justa recompensa de la admiración mundial, todo ello tan fácil y tan difícil, tan apetecible y tan excitante a la vez? Matarían por jugar, claro, y Guardiola lo sabe. De ahí que siga tirando de jerarquía y continúe alineando las vacas sagradas a la espera de tiempos propicios para la rotación, cuando pille a los suyos con la guardia baja lo suficiente como para colarles la suplencia sin que se encabronen demasiado. Mientras esto no llegue, el Barça sigue a lo suyo, versionando a Rubianes, con el éxito de crítica y público asegurado de antemano, que no por ser monólogo conocido no deja de ser igualmente efectivo, hilarante, brillante, espectacular, emocionante y siempre gozoso para el espectador en sus picos geniales, por mucho que hayamos visto la función mil veces y por mucho que nos conozcamos de memoria el final, aunque en momentos puntuales no podamos evitar cierto sopor o desconexión por la historia vivida. Al final, pero, siempre gusta y sienta bien, y la ovación es merecida. Hoy el Barça volvió a protagonizar una primera mitad de ensueño, avasalló al rival, dominó a placer, sentenció en diez minutos de vértigo y se dosificó a placer - sin perder excesivamente el control - tras el descanso a la espera de su siguiente sparring sobre el ring. Sólo el anticulerismo de un perico que salió por patas de Montjuïc intentó poner algo de pimienta al asunto, pero la especia resultó inocua ante el insulso plato racinguista. El manjar bueno lo cocinó el Barça y tuvo en Messi su delicatessin más exquisita: no teniendo que demostrar que es el mejor jugador del mundo, parece empeñado en marcarse una temporada todavía mejor que la anterior. Hoy, dos goles para enmarcar. La culerada se frota las manos. Otro gol de abrelatas de Ibrahimovic, que en su adaptación, sigue creciendo como jugador en su nuevo hábitat Barça; otra dirección maestra de Xavi; y otra sesión sin marcar de Henry. A Márquez e Iniesta les seguiremos esperando dándoles toda la confianza que necesiten. Ante la suplencia de Touré, psicología de Guardiola al poner de titular a Busquets, centro de muchas críticas tras su pasado partido contra el Atlético de Madrid. Acertó Pep, claro. Y el esperado duelo Chigrinskiy-Henrique se quedó en nada: uno no jugó y el otro se intimidó ante la omnipresencia del delantero rival. Y es que Ibrahimovic no es un cualquiera, quizás piense el chaval, quizás también Txiki, a modo, ambos, de justificación.

Mourinho podrá seguir sacando pecho de que sus equipos con 11 jugadores en el campo no pierden contra el Barça, aunque hoy haya tenido que dedicar mucho esfuerzo al asunto en la segunda parte, atrincherando a sus jugadores ante el taki gol del Barça, corajudo y persistente pero sin ocasiones ni remate. Será que para el portugués tal mérito es sagrado o será que la tremenda intimidación del Barça tras el descanso, en una brutal tarea de presión y recuperación del balón, le ha obligado a ello. Por suerte para él, la esterilidad de los tres tenores en punta ha sido manifiesta, agravada, además, por el destino chungo que les esperaba si de alguna manera se zafaban: estamparse contra el muro defensivo interista. Visto así, se explicaría el empate a 0 final, la renuncia contra la impotencia, ambas en empeños ingentes, casi titánicos. Pero sería una explicación parcial ya que el partido mostró una primera mitad fantástica, llena de intensidad, de esfuerzo y tesón, de constantes alternativas y dominios alternos, unos primeros 45 minutos electrizantes y estresantes que ofreció la mejor cara de ambos equipos aunque se riñeran con el gol, un duelo de poder a poder donde el Barça mostró orgulloso el porqué es el campeón de Europa y que viene a defender el título a muerte sea donde sea y el Inter un digno aspirante a arrebatarle la gloria del cetro si realmente se lo propone. La gran derrota del partido fue que tal igualdad de poder, de expectativa de lucha justa, no durase los 90 minutos de juego.
Decía nuestro Cruijff en la previa que hoy tocaba zamparse un Whopper en Getafe. Pues mejor dos, gracias, que aunque hablemos de comida basura, a veces estas hamburguesas indefinibles en lo estético y gustativo vienen de gusto y sientan bien. Y esto es lo que hizo el Barça, en el Coliseum de ese mito incomprensible – por su fichaje, claro - del barcelonismo, un Barça que llegó, vio y venció, sentenciando el partido en dos bocados furiosos y hambrientos, donde Ibrahimovic, nuestro inadaptado favorito, ofició de chef y comensal al mismo tiempo, con un gol oportunista para abrir la lata y una asistencia de lujo para sentenciar el partido. Nada mal para tratarse de comida basura, pero insuficiente, quizás, para el paladar más exigente del barcelonismo, acostumbrado de un tiempo a esta parte a las delicatessen y las excelencias de los emporios gastronómicos más reputados y estrellados, allí donde el minimalismo de los platos es inversamente proporcional a la abundancia de la factura final.
No fue hoy en Getafe un Barça genial ni brillante. Digamos que solvente, que resolvió cuando tocaba. Pero a ratos fue inoperante, y en la primera parte desbordado y apurado por un Getafe entusiasta y eficiente en sus limitaciones y que dejó dos muescas en los palos que defendió con acierto Valdés. Pero era el Barça B en ataque, excepto Ibrahimovic, y con bajas importantes por la resaca del virus FIFA. Lo mejor del Barça en los primeros cuarenta y cinco minutos era su banquillo y un empate a 0 en el marcador, dos claros presagios de que en la segunda mitad, cuando salieran los buenos, el Barça la podía romper. Y así fue, con Messi e Iniesta (¡cuanto te hemos añorado, Don Andrés!) acompañando a Ibrahimovic en ataque y desarbolando con más facilidad un castigado Getafe incapaz de aguantar, por el desgaste sufrido, las embestidas de un Barça más inspirado en lo físico y en lo excelente de sus futbolistas. Dos lecturas del partido: la optimista, que dirá que el Barça resistió y maduró el partido para rematar y sentenciar en la segunda mitad; y la negativa, que bramará por desperdiciar 60 minutos de juego. Tanto da la botella con la que nos reflejemos y quedémonos con la que más nos guste, ya que el desenlace para ambas es el mismo: victoria eficaz, de equipo campeón, y tres puntos a la butxaca.
En lo individual, destacar el más que correcto partido de Chygrynskiy, al que Guardiola, con medio entrenamiento, lo ha hecho debutar. Con un par. Algunos dirán temerario, sí, pero ahí está Pep queriendo demostrar a la culerada que su central no era un capricho producto de su endiosamiento post triplete y que su confianza con el ucraniano es total. Y el central correspondiendo. Lo veremos con atención en su estreno en el Camp Nou pero el tipo promete (y Guardiola respira). Y Messi, en su hábitat blaugrana natural, siendo el jugador que todos sabemos que es, y dando un corte de mangas a la Argentina futbolística que pretende del futbolista lo que no puede ser: una exquisita delicatessen esferificada en un Burger King.
Read more...Frase para resumir un partido que no he visto: victoria cómoda en un partido funcionarial. Si no os gusta, reclamar a Jaume Roures, hoy muy dicharachero en el palco de l'Estadi. No ha sido el Barça de su mejor versión pero sí un equipo que ha optimizado un recurso ya empleado por Guardiola en su temporada del triplete pero que en esta reanudación parecía olvidado en un rincón oscuro del vestuario: la estrategia a pelota parada y el juego aéreo. Bojan, Keita e Ibrahimovic (¡por fín!) han puesto cabeza a la victoria del Barça, ante un Sporting que, con sus limitaciones, no se ha acobardado ante el transatlántico blaugrana, aplicando esa máxima que reza que quien nada tiene, nada tiene a perder, y que mereció bastante más de lo que el resultado le dio. Por eso Preciado nos merece más simpatía que Lucescu. Y por eso el Barça es el equipo que es: letal incluso en sus días más grises.
Visto lo general, en los detalles nos podemos entretener. Por ejemplo, en el tridente ofensivo hoy titular, la conexión balcánica y volcánica (en afortunada expresión de una oyente de RAC1), formado por dos de los revulsivos del pasado viernes en Mónaco, las opciones cuarta y quinta de ataque de la plantilla. Como una broma maliciosa del destino en las dos últimas horas del último día del plazo de fichajes, Bojan y Pedro, con rigor y voluntad, pero sin la excelencia deseable, cubren el expediente que quizás alguien más experimentado y contrastado tendría que asumir, alguien incluido en el pedido inicial de refuerzos de los técnicos (y que por segundo año consecutivo, por el camino, se perdió). Y eso que hoy Bojan ha sido un buen Bojan: abre la lata, intimida por su determinación en sus acciones y se echa el equipo a la espalda si conviene. Ibrahimovic habría querido ser él pero el sueco sigue a lo suyo, en adaptación. Y eso que marcó su primer gol como blaugrana (de cabeza, como no), con explosión de júbilo del Camp Nou que lo esperaba como una liberación. Pero la realidad sigue siendo una: Ibra se muestra constante en sus acciones, brillante en sus intenciones pero demasiado frívolo en sus ejecuciones. No hay duda que mejorará pero quizás persista aun la desconfianza entre la culerada que este su primer gol no disipará. Otro nombre propio a destacar, Keita, el futbolista con más minutos de juego hasta el momento y que parece dar la razón a Guardiola en su confianza y a todos aquellos que afirman que esta será su temporada en blaugrana. Que ni el Ramadán ni la Copa de África le corten su estado de forma actual. Más imágenes del partido, ahora en el palco: ese Chygrynskiy alucinado con el estadio y el desempeño de sus nuevos compañeros y nuestro querido Mourinho contrariado a su lado tomado notas vete a saber de qué teniendo en cuenta el farol de Pep con un 11 que ni de coña será el de San Siro. ¡Qué grande es Guardiola! En la cara opuesta a tanta felicidad, terror por la lesiones: Maxwell y Bojan, carne de enfermería, a la espera de conocer el alcance real de sus dolencias y evidenciando lo que será el gran telón de Aquiles del Barça esta temporada: que el patidor culé no ganará para sustos cuando se conjuguen el factor médico y la escasez de efectivos de la plantilla.
Pero como el corto plazo manda porqué es dogma de fe de Pep, quedémonos con los 3 primeros puntos con la vista puesta ya en Getafe - de aquí a unos lejanos 15 días, cortesía de las selecciones y el incapaz calendario futbolístico internacional - recordando que ahora hace un año la cosa no empezó igual. Y como cierto es que todo es como acaba y no como empieza, sumadle 3 puntos más a la puntuación final de la temporada pasada. La cosa pinta bárbara, a pesar de un Ibrahimovic inadaptado, a pesar de una plantilla inacabada.
El guión del partido es cristalino: un Barça que propone su vulgaridad habitual, dominar para ganar, y un Shakhtar que dispone una tela de araña táctica para defender y no encajar la tunda esperada. Gana la partida Lucescu, mandando un marcaje asfixiante sobre Xavi (pese al buen partido del infiltrado Keita, ¡como echamos en falta hoy a Iniesta!) y dinamitando cualquier posibilidad de pase interior y combinación de los blaugrana, siempre abortado por la maraña defensiva ucraniana. Fabián Ortiz, que en sus ratos libres aconseja a los entrenadores rivales visionar partidos donde las encerronas al Barça son norma de conducta, ya tiene otro partido de videoteca para su colección particular.
Y sin poder lucir sus mejores armas ofensivas, el Barça no sabe encontrar alternativas de ataque, que en esta versión post triplete sería como decir que no sabe optimizar las virtudes de Ibrahimovic. Faltos de ideas y fallones en la ejecución, el Barça se enroca en la tosquedad y mediocridad del partido propuesto por el Shakhtar, a la espera que el tiempo pase y que la flauta suene para Lucescu y los suyos. Encomendándose a la paciencia, parece que sólo mediante genialidad individual, estrategia o balón parado, el gol puede llegar por parte del Barça. Pero ni así llegan las ocasiones, muy a cuentagotas, y básicamente en la segunda parte gracias al coraje de Messi. No es el partido soñado del Barça pero aún así la fe nos aferra a ellos. El tiempo se acaba y pensamos en un iniestazo, pero esta vez en cañonazo de Keita, o en pillería de Bojan. Pero no es la noche de los posibles que son imposibles y la exigencia física del partido pesa en las piernas y mente de los nuestros. Fin del partido y Lucescu que ve más cerca la Supercopa para su equipo.
En la hora de la prórroga es el momento de los revulsivos y el Shakhtar saca artillería fresca ante el desgaste del Barça. Pero Piqué y Puyol están inconmensurables, titanes, como si además del orgullo de campeonar quisieran demostrar a Chigrinskyi donde se mete y como las gastan aquellos a los que tiene que competirle la titularidad. Y el Barça con los suyos, Bojan y Pedro, para dañar la resistencia ucraniana. Pero no parecen intimidar lo suyo, o al menos lo esperado, aunque Bojan tiene el gol en un Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como) espectacular. No, el partido no pinta a victoria pese a la fe indestructible del equipo y la voluntad de seguir picando piedra hasta la extenuación. Y de lejos se intuyen los penaltis, como oportunidad única para derrumbar el último tabú de la mitología catastrofista culé por parte de este equipo que todo lo puede. Visto así, el desafío es hasta interesante. Pero Pedro, otra vez vía gol determinante previa asistencia maravillosa de Messi - otro que no decae nunca -, deja el reto para mejor ocasión, dándole la razón a Guardiola en su confianza ciega y sellando para siempre su nombre en la gloria del quinto trofeo de este Barça de las Cinco Copas del siglo XXI. En este Barça de finales felices y gloria infinita, hasta los desheredados tienen su porción de cielo y los partidos más ingratos se tornan en bellos actos de justicia.

Después de la participación del equipo en la Wembley Cup, se presentaba el Barça en su gira americana ante los Galaxy de Los Angeles. Los norteamericanos cuentan con Beckham y Donovan como máximas estrellas, pero además el fútbol USA ha mejorado mucho a nivel táztico en los últimos años, como se vio en la ConfeCup. A nivel técnico siguen a años luz, pero si se concentran en hacer lo que saben hacer y además van adelantados en el rodaje, pueden ser rivales incómodos.
Crónica del partido:
1-2, goles de Pedrinho y Jeffren para el Barça y de Beckham para los Galaxy.
Comentario:
Guardiola alineó un equipo distinto en cada mitad. Salieron dos combinaciones de titulares y muchachada. Rodaje para los consagrados, escenario para los jóvenes. Notable en general, Jeffren y Pedrinho adelante; Bojan con síntomas de mejora en el control (buenas noticias); Fontàs sobrio; Muniesa empezó nervioso, normal en un chaval de 17 años, por muy proto-icono que sea; Dos Santos pareció superado por sus marcadores en muchas ocasiones, quizá el menos destacado; y Víctor Sánchez, cuyo juego no brilla (entrar en el dibujo del equipo en el puesto de Iniesta no ayuda en las comparaciones, desde luego).
De los nuevos, Maxwell y Henrique están todavía entrando en el juego del equipo. Imagino que no debe ser fácil cambiar el chip y tener que sacar el balón desde atrás jugando a uno o dos toques. En ese proceso de adaptación están y no hay que sacar conclusiones todavía. Hicieron lo que se pedía de ellos, aunque es evidente que necesitan conocer mejor los mecanismos de juego.
Otras nuevas caras (voces en este caso) que no conocía de esta nueva temporada fueron Bernat Soler y Víctor Patsy (en la foto). A Soler lo vi todavía en periodo de transición de radio a televisión: demasiado relato del partido, demasiada cháchara, pero soso en algunos momentos ya que su partenaire no le daba juego. Por momentos pareció una versión catalana de José Ángel de la Casa. Su tarea, mejorar a Escobar, no es difícil, estoy seguro de que lo conseguirá.
Víctor Patsy fue harina de otro costal. Como se decía por el blog, se comportó como un bully con los nuevos compañeros de clase. Interrumpió a Soler para cambiar de tema en un par de ocasiones y sus “contribuciones” a la narración fueron:
- Atizar sin miramientos a Maxwell y Henrique en cualquier ocasión y ponerlos en la picota a los ojos de la audiencia. Alguien debería confirmar si estos jugadores le deben dinero a Patsy o algo así.
- Cuando los brasileños salieron del equipo, recurrió al plan B: Cuando Guardiola finiquitó la larga rueda de cambios,a falta de 30 minutos, poco tardó en recordarnos qué pasaría si ahora hubiese una lesión y tal. Ya no es la venda antes de la herida, es un chute de morfina por si te viene un dolor de cabeza. Imagino que TV3 conoce a su audiencia y tal. Imagino que se dirigen al perfil “tribunero yayo con el puro y el burru en la boca”, sí, el de “avui patirem” y el de ”Passa-la, burru, passa-la!!” Pos fale, bien, bravo. Igual aprendo chino y les doy una oportunidad a los locutores de Guandong TV.
- Crecidito por sus conexiones, chuleando de conocer L.A como la palma de su mano, dedicó un rato a hablarnos de tipos y tipas forrados a los que les regalan entradas para el fútbol, también conocidos como “celebrities”.
Es extraño lo de Patsy. Parece que quisiera desligarse de su entorno (hermano Joan, patriarca Johan, Palacio, Buenos Aires, bla bla bla) adoptando una postura de crítica exagerada. Podría ser, aunque TV3 ya nos tiene acostumbrados a darle cancha al heredero del Culé Emprenyat en la forma del Gafapasta Emprenyat. En cualquier caso, haría bien en recordar el bueno de Víctor que TV3 empezó el año pasado con unos comentaristas (recuerden, “sangonera”, “la locomotora de Bamako”, “professor Xavi”, “coses que la resta de mortals no poden fer”) y acabó con el Escorpión Escobar.
Pum.

En el mundo real pasan estas cosas: no siempre el Barça irá de recital en recital sumando victorias como quien devora patatas chips. Hoy el equipo ha ofrecido poco fútbol pero mucha entrega, pundonor y fe en la remontada. No ha sido suficiente - hoy no - pero el esfuerzo atolondrado y apasionado del equipo hacen buenas las palabras de Pep Guardiola en el día de su presentación (o en el césped cuando el Gamper) de que no prometía títulos pero sí persistencia en el trabajo y en la entrega de sus futbolistas. En los días girados en que el fútbol se tuerce (los rivales también juegan y se ha vuelto a demostrar que Víctor Muñoz sabe tomarle la medida al Barça independientemente del mister que lo entrene), la épica - o en castizo paladín: la testiculina - debe dar un paso adelante y ganar los puntos: hoy se ha quedado a medio camino, mano mediante de ese portero extraño de mote Pato a cabezazo de Piqué. Se pudo ganar pero el empate manda, nos hace sumar un punto y nos mantiene líderes en una jornada relativamente propicia para el Barça a las puertas de su primer Tourmalet. En el mundo real todo se puede relativizar, aunque el sabor que persiste tras el 1-1 tiene tintes agridulces.
